Mi madre lloraba por lo que yo era

Por Lauri Cristina Dueñas
Fotos: Mónica Torrento

Aldo tiene 37 años y es un hombre trans. A los cinco o seis años se fue dando cuenta de que “las cosas no correspondían con lo que me decían”, con respecto a su identidad de género.

“Me rehusaba definitivamente a vestir como niña, no me identificaba, yo no sabía nada del 'patriarcado machista', era un niño”, empieza su relato.br>
“Al principio, nadie se alertó”, pero luego sí y “con dolo” lo llevaban a comprar ropa y zapatos de niña que él rompía o desgastaba adrede. También lo obligaban a los roles y estereotipos que se colocan sobre las niñas, como lavar la ropa de su hermano. Aldo es el mayor de tres hermanos en un hogar cristiano evangélico, de padres que se separaron cuando él tenía seis años. “Mi relación con Dios es un trato entre él y yo”, comenta.

“Mi madre sentía la presión. La gente tiende a culpar a los padres cuando los hijos no obedecen al patriarcado”, confiesa. “Mi madre lloraba por lo que yo era. Por amor a mi padre, me ponía falda, los domingos que iba a verlo”, expresa.

“Me rehusaba definitivamente a vestir como niña, no me identificaba, yo no sabía nada del 'patriarcado machista', era un niño”.

-Aldo

En la escuela, recibió un bullying atroz, se volvió violento y aprendió a defenderse, recuerda. Tenía profesores y profesoras que lo querían obligar a vestirse y comportarse como niña, hasta que se cansó y les dijo que, si su familia pagaba por su educación, ellos no podían obligarlo.

“Lloraba para adentro, era un adulto siendo niño, yo no sabía qué pasaba conmigo y, como los adultos hacen lo que quieren, me enfoqué en cumplir los 18 años y conseguir mi primer trabajo”, dice, al contrario de muchos hombres y mujeres trans que optaron por suicidarse.

El anillo de Aldo tiene un significado especial: el reencuentro con su primer amor, su actual pareja, con quien tiene una relación que lo hace sentir feliz, orgulloso y apoyado. Dentro de su mochila, Aldo guarda una libreta de la campaña “Hago lo justo”, en la que participó. Él ha sido parte de distintas iniciativas como activista de la comunidad LGBTIQ+.

La primera persona que le gustó en la vida fue una profesora y luego se enamoró de una vecina, jugando a la comidita y al escondelero. “Nuestros padres se dieron cuenta y nos separaron”.

Pero como la vida da muchas vueltas, esa niña es hoy la pareja de Aldo, se reencontraron hace 12 años, después de la primera relación de Aldo con una mujer mayor.

“Si la familia te apoya, al camino empedrado se le quitan las piedras”.

-Aldo

Aldo cree que la salvadoreña es una sociedad conservadora porque “les invade la ignorancia”. Pero al mismo tiempo cree que “no podemos decir que no hay avance” en los temas LGTBIQ+ porque sería “devaluar a las y los ancestros que ya nos dejaron encaminados”.

—¿Por qué crees que en El Salvador hay gente que tiene tanto y otros que tienen poco? —le pregunto.

—“Porque siempre se le dan oportunidades a los mismos” —responde.

Aldo forma parte de un cuerpo de seguridad pública desde 2008 y gana 419 dólares mensuales. “Las personas trans tenemos que ser independientes económicamente”, resalta. También explica que por la discriminación muchas y muchos de ellos no concluyen con sus estudios y tienen que dedicarse al trabajo sexual, no por falta de capacidades, sino de oportunidades.

Está orgulloso también de ser activista y fundador de una asociación de hombres trans, así como de dedicarse a actividades de altruismo. “Aprendí a defender mis derechos de la buena manera, me empoderé”, subraya.

Sin embargo, luego de la marcha del orgullo gay, tuvo una discusión con un motorista de autobús que no respetó una parada y, posteriormente, unos policías, que ya lo acosaban constantemente, le propinaron a él y a una amiga una golpiza en la que casi los matan. Los implicados fueron 15 agentes, de los que se juzgaron a ocho, y solo dos tuvieron condena.

“Nos dijeron que íbamos a amanecer en un barranco e iban a decir que fueron los pandilleros, y que nos merecíamos un tiro. ¿Por qué las personas como nosotros nos merecemos un tiro?”, recuerda con dolor. “Las personas que nos señalan deberían pedirle perdón a Dios por odiarnos”, afirma.

Aldo les aconseja a los niños trans que no opten por el suicidio ni crean lo que la sociedad dice de ellos; así mismo, a los padres y madres de familia les pide que, por favor, apoyen y se informen adecuadamente si tienen un hijo trans. “Si la familia te apoya, al camino empedrado se le quitan las piedras”, concluye.

Aldo, un hombre trans de 37 años se prepara para ser entrevistado y contar su historia.

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